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Hace unas semanas oía a una madre decirle a su hijo, ante un problema de salud no severo pero importante para él, que no fuera tan impaciente en tener un resultado, que ella trabajaba en el sistema sanitario y sabía que allí sólo somos números. Lo decía con todo el cariño pero con el convencimiento de quien no puede admitir otra posibilidad.
Sin poder aceptar que esta sea la realidad más común, si debemos reflexionar gravemente sobre lo extendidas que puedan estar conductas humanas que vayan en esa línea, y sobre las condiciones del sistema público que puedan permitir esa deshumanización del trato.
La sanidad pública debe estar basada en dos pilares maestros: estructura adecuada y respeto exquisito al paciente.
De la estructura hablamos en muchas ocasiones, en general poniendo en evidencia sus carencias: en inversión, en edificios, en medios, en organización funcional, en falta de ideas nuevas, en definitiva en una falta de proyecto global.
Del respeto a los pacientes hablamos menos, pero quizás sea el aspecto clave, hemos de pensar que la existencia misma del sistema sólo se justifica por la existencia de pacientes (ciudadanos).
Ahora que se acercan las elecciones ha aparecido una llamativa publicidad de SACYL. Viéndola se imagina uno el mejor de los mundos, todo perfecto, amabilidad, inversiones millonarias pensando en el paciente, atención a todo tipo de problemas… La realidad es otra y las carencias están ahí.
Esperemos que con las elecciones lleguen algunas ideas novedosas sobre sanidad y especialmente una voluntad distinta de efectivamente hacer frente de forma valiente a los problemas y deficiencias del sistema; además sería exigible saber que modelo de servicio regional de salud defiende cada cual.
Todo ello con una finalidad, asistencia y trato excelentes. Perder de vista el trato, no sólo correcto sino amable, es perder unos de los valores que deben acompañar a la labor sanitaria, la comprensión del sufrimiento en los momentos más críticos de las personas y cuando más desvalidas emocionalmente nos encontramos.
No somos números.

 

Miguel González Hierro.

Publicado en «El Adelanto», 10 Febrero 2007

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