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Hoy en día nuestra sociedad sigue sintiendo un enorme interés por las personas centenarias. Según datos del INE, en España hay unas 20.000 personas que tienen 100 o más años, lo que supone aproximadamente el 0,04 % de la población total. Por comparar con otros países, por ejemplo, en EE. UU. suponen el 0,03 % y en Japón el 0,08 %.

¿Por qué existe esta fascinación? Alcanzar la centena parece simbolizar el triunfo de la vida sobre la muerte, el triunfo de la longevidad sobre el paso del tiempo, lo cual nos lleva a una pregunta inevitable: ¿cuál es el secreto de una vida centenaria?

Alcanzar una edad avanzada no siempre implica disfrutar de una buena salud durante los últimos años de vida. En este sentido, tendríamos que distinguir entre esperanza de vida y esperanza de vida saludable. De esta manera, España se sitúa a la cabeza de Europa en esperanza de vida, pero a partir de los 65 años, el 50 % de años se viven con discapacidad, especialmente en las mujeres.

Muchos estudios japoneses se han centrado en mejorar no tanto los años añadidos a la vida, sino en conseguir que estos se vivan con calidad. El objetivo no debería ser únicamente prolongar la existencia, sino aumentar el número de años vividos con autonomía, capacidad funcional, independencia y bienestar. Los japoneses inciden en la denominada compresión de la morbilidad, es decir, intentar retrasar la aparición de enfermedades y discapacidad para que la mayor parte de la vida transcurra en buenas condiciones físicas y cognitivas.

¿Genética o epigenética?

Esta cuestión ha adquirido un especial interés científico con el estudio de las llamadas «zonas azules«, que son regiones del planeta que concentran un porcentaje muy elevado de personas centenarias, como Cerdeña, Okinawa, Nicoya e Icaria. El estudio de estas poblaciones ha permitido analizar cómo interactúan la genética, el entorno, la alimentación, la actividad física y los factores sociales a lo largo de la vida.

La genética desempeña un papel relevante en la longevidad, especialmente cuando se alcanzan edades extremas. Determinadas variantes genéticas se han relacionado con una mayor capacidad para resistir enfermedades asociadas al envejecimiento. Entre los mecanismos estudiados se encuentran los telómeros, estructuras situadas en los extremos de los cromosomas que protegen el material genético y que tienden a acortarse con las divisiones celulares.

También se han investigado genes relacionados con la reparación celular, el metabolismo, la respuesta al estrés y la regulación de la longevidad, como FOXO3. No obstante, la existencia de una predisposición genética favorable no explica por sí sola la longevidad excepcional. Los centenarios parecen ser el resultado de una compleja interacción entre genética y ambiente, en la que los hábitos mantenidos durante décadas pueden modificar de forma importante el riesgo de enfermedad y pérdida funcional.

El valor del ikigai

Para todos los que no tenemos esa predisposición genética, los hábitos saludables sí pueden ayudarnos a vivir los últimos años con menos discapacidad. Entre ellos estarían factores clásicos como comer adecuadamente, hacer ejercicio y evitar tóxicos como el alcohol o el tabaco, además de otros factores, quizá menos conocidos, como mantener una importante red social, cuidar nuestra salud mental y, por último, un concepto japonés muy interesante: el ikigai, que hace referencia al propósito de nuestra vida. Es decir, responder a la pregunta: ¿con qué ilusión me levanto cada mañana? Algunos estudios japoneses han demostrado que las personas que tienen un ikigai, junto con otros factores, presentan una mayor longevidad y una menor discapacidad.

Por tanto, envejecer saludablemente no consiste en perseguir los 100 años a cualquier precio, sino en prolongar la vida con la mayor calidad posible, retrasando la aparición de enfermedad y discapacidad y conservando durante el mayor tiempo posible la capacidad de decidir, moverse, relacionarse y participar activamente en la sociedad.

Los centenarios pueden representar el extremo visible de este proceso, pero el verdadero objetivo del envejecimiento saludable no es simplemente añadir años a la vida, sino añadir vida a los años.

Gloria Alonso

Publicado en Salud a Diario

 
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