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Es decir, la incapacidad de los cuerpos de modificar sus condiciones de reposo o movimiento sin intervención externa.
Esta parece una buena definición para aplicar a nuestro sistema sanitario regional. Ya, como todo macrosistema, tenía una inercia importante en la época del INSALUD, pero a partir de las trasferencias el sistema se mueve sólo por sí mismo. O bien la intervención externa no existe o es altamente ineficaz.
En otras palabras, la gestión del SACYL es muy débil. No se aborda el cambio rotundo que le hace falta. El sistema languidece, se va apagando, atendiendo a trompicones las demandas sanitarias, con muchas deficiencias y sin acabar de explotar.
Hay muchas formas de intentar sacar del letargo a la sanidad: un proyecto político claro, un proyecto meramente técnico pero solvente, un cambio total en los obsoletos modos organizativos, una exigencia sin complejos de resultados, un aumento brutal de la inversión, un desarrollo serio del sistema en función de criterios de bioética y derechos de los pacientes, una refrescante creatividad en creación de estructuras sanitarias adaptadas a nuestro tiempo, … o quizás, todas ellas a la vez.
Los gestos de cara al tendido, son sólo eso, gestos. Y cada vez será más dificil mejorar el sistema. Hay que darse prisa.
Por cierto, inercia también significa, pereza, desidia, inacción.

Miguel González Hierro.

Publicado en «El Adelanto», 12 Junio 2004

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