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Gasto en farmacia y calidad asistencial

 

La disminución del gasto en farmacia debe ser abordada desde varias perspectivas, algunas ya se van llevando a acabo, como el apoyo al uso de genéricos y el establecimiento de precios de referencia (se trata de establecer el precio máximo que la administración está dispuesta a pagar por el mismo producto). En diciembre se publicó el decreto que lo regula, lo que sorprende en él es la forma en que protege explícitamente los intereses de la industria farmacéutica en contra de los intereses propios de las arcas públicas.
Una tercera perspectiva, lejos de hacerse realidad por ahora, es el necesario control sobre las supuestas ventajas del medicamento de última generación sobre el anterior que justifique la elevación del precio.
Una cuarta medida sería el estudio y control de las prescripciones, tanto del médico de atención primaria como del especialista, ya que gran parte de la prescripción del primero es inducida directa o indirectamente por el segundo; esto es así, sobre todo, en la introducción de medicamentos nuevos y los laboratorios lo saben bien. El control y estudio debería ir unido a una búsqueda en la mejora de la calidad asistencial global. Para ello existen herramientas, como la evaluación de historias clínicas completas con la posibilidad, eso sí, de ser defendidas por el propio facultativo. No se propone, pues, una exigencia de ahorro puro y duro, sino una justificación del gasto enmarcada en una evaluación de la calidad.
La administración está también para eso aunque le cueste algunas protestas.

Concha Ledesma.

Pubicado en “El Adelanto”, 13 enero 2001

 

13 enero, 2001

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