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Hace tiempo, que desde esta columna defendemos, la gestión razonable del gasto farmacéutico en nuestra sanidad pública.

Que haya que tomar medidas, cuando el agua llega al cuello, no favorece precisamente su efectividad. Cuando decíamos que era necesario marcar límites al «todo vale» asumiendo su coste político, es porque se veía venir lo que ahora ocurre, la necesidad de ahorro y aunque se centra en los medicamentos hay otros aspectos en la gestión tan importantes donde se deberá mejorar si queremos seguir adelante.

En una sociedad tan medicalizada como la actual, el sistema de dispensación de fármacos por principio activo, no es nuevo, lleva años a disposición de los médicos desde hace años con unos porcentajes pobres en cuanto a su utilización, alrededor de un 25 %, con sus defensores y detractores, sus intereses (incentivos, industria farmacéutica…) y perversiones. Lo lógico es que se hubiera implantado obligatoriamente, cuando se vislumbró el peligro, cuando el agua llegaba al tobillo y habría margen de mejora, solucionando problemas que aparecerán por la improvisación marcada por la necesidad.

Pero no olvidemos que es una propuesta de ahorro económico y ¿qué pasa con la población o cierta parte de esta? Y ahí empiezan nuestras dudas las que no se han resuelto en estos años de dudosa evolución.

La composición, tamaño, forma etc. debería se exactamente la misma dentro de cada principio activo. Ciertas personas, tienen dificultades, para identificar sus medicamentos (ancianos, discapacitados) y el cambio de envase conlleva un riesgo por la falta de cumplimiento y la más que probable aparición de efectos no deseados.

Y Lo más importante es el mensaje a los pacientes, debería ser uniforme y consecuente en todos los que participan en el circuito terapéutico desde la propia administración pasando por sanitarios incluyendo a los farmacéuticos, así lo asumirán sin recelos los beneficiarios.

El miedo: que se justifique una necesidad de cambio radical e interesado de un derecho, como es a la salud, que se ha ganado y disfrutado tantos años.

 

Antonio Julián.

Publicado en «El Adelanto», 27 Agosto 2011

 

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