Nos centramos en defender la salud mediante nuestro sistema sanitario público, y esto, aun con cierta autocomplacencia, es muy positivo. Pero es importante no olvidar en qué marco efectivo se origina la salud.
Nuestro SNS ayuda en mayor medida que los de otros países a reducir desigualdades, pero las diferencias entre las diversas capas de población siguen siendo tan abultadas que debe reflexionarse sobre el fondo del problema.
Es un clásico, y no se ha visto modificado sustancialmente por estudios más modernos, que la salud de las poblaciones está determinada por cuatro grandes factores que definió un antiguo ministro de Salud canadiense, M. Lalonde: la biología (19%), el medio ambiente (27%), el estilo de vida (43%), y el que menor influencia viene a tener, la organización de los servicios de salud (11%).
Así pues, sin renunciar a una defensa incólume del SNS, hay que considerar que la salud de las personas dependerá más, mucho más, de otros factores. Y debemos dar una mirada a estos:
Sobre la biología podemos influir de forma limitada, aunque a través de la investigación –y, por tanto, de la inversión destinada a ella– algo podemos mejorar.
El medio ambiente sí es mejorable, aunque implica dos condiciones: concienciación, esto es, querer modificarlo a mejor, y financiación, es decir, disponibilidad económica efectiva por parte de los poderes públicos y las empresas.
El impacto de la desigualdad económica y social
Y claro, llegamos al nudo gordiano de la salud, el factor de mayor impacto: el estilo de vida, condicionado a su vez por dos elementos: el económico y el cultural. Es sobradamente aceptado que el nivel económico es el principal factor –tomado como elemento individual– determinante de la salud. Condicionando la calidad de vida y la mortalidad de las personas.
En este marco complejo, pero razonablemente definido, es donde procede hablar de desigualdades, pues las desigualdades económicas conllevan indefectiblemente desigualdades en salud.
En nuestro país, en los últimos años, el nivel de desigualdad social ha crecido de forma espectacular y preocupante. Existen asimismo desigualdades notables entre las diversas CCAA Son dos planos distintos, pero con un mismo efecto negativo sobre la salud de muchos ciudadanos.
Se presume con frecuencia de que España crece, que la economía del país crece mucho, y mucho más que su entorno. Y estas verdades a medias son falaces. Sí, la economía de nuestro país crece, pero no se distribuye esa riqueza.
Mayor riesgo de pobreza
Todos los estudios e informes son unánimes, y apuntan a un incremento de la pobreza y de la desigualdad abrumadores. El informe Foessa concluye que hay un proceso inédito de fragmentación social, con una contracción de la clase media.
Y esto se paga en salud. El 6% de las enfermedades graves no fueron atendidas en las familias más humildes, el doble que en el resto. La salud mental, los trastornos adaptativos y depresión suponen el 6% entre la población general, doblándose también su incidencia entre la población más frágil.
España ocupa el cuarto lugar en desigualdad entre los países de la UE (Eurostat y Oxfam lo confirman). En valores absolutos y corregidos –se calcula esta desigualdad mediante el índice de Gini– nuestro país sigue encontrándose a la cabeza de la desigualdad entre los países desarrollados. Y si bien había dos factores que tendían a minorar los niveles de desigualdad, como son los servicios sociales (incluye sanidad) y la vivienda, estos se vienen degradando y, en consecuencia, intensificándose las desigualdades (Informe Funcas).
Desigualdades que plasma también el último informe del INE, donde algo más del 25% de las personas en España están en riesgo de pobreza. O el del último informe EAPN-ES, que sitúa a España con la tasa de pobreza infantil más elevada de Europa, el 28,4%.
A nivel territorial subsisten también desigualdades severas. La renta por familia de Madrid y País Vasco –las CCAA más ricas– es un 50% superior a la de la comunidad más humilde.
Desequilibrios entre comunidades autónomas
Y si nos centramos en la financiación por el Estado, persisten estos desequilibrios. La financiación en sanidad por habitante según comunidad autónoma presenta una auténtica brecha entre unas y otras. Hasta 900 € de diferencia sobre un gasto medio de 2.000.
Los recursos generales transferidos por el Estado a las CCAA presentan igualmente una tremenda diferencia, en concreto, 1.500 € por habitante/año entre la mejor y la peor financiada.
Pido disculpas por el exceso de datos, cifras y entidades. Creo que no debe abusarse de ellos en los artículos de opinión, pero el tema lo exige.
En resumen, las desigualdades en salud derivan de muchos aspectos, pero siendo el económico el fundamental, y contribuyendo un sistema sanitario público eficaz a mitigarlas. Actuar en este terreno y defender la mejora de salud de la población debe pasar necesariamente por eliminar las desigualdades tanto en el terreno sanitario, como especialmente en aquellos aspectos que condicionan en mucha mayor medida la salud, los estilos de vida, que están ineludiblemente vinculados al nivel económico y cultural. No podemos olvidar esto cuando valoramos la situación sanitaria de nuestro país.
La redistribución solidaria de la riqueza en una sociedad es lo que la hace más justa y, por tanto, más estable. Una nación que crece, que es rica, pero no distribuye su riqueza está abocada al conflicto social.
Son los países que fomentan no solo el crecimiento de su riqueza, sino el reparto equitativo entre el conjunto de su población los más estables y donde se obtienen unos niveles de salud elevados y homogéneos para la mayoría de los ciudadanos. Aunque quizás –y permítaseme la digresión– no sean necesariamente los más felices. Pero eso merece una reflexión aparte.
Potenciar el sistema sanitario público es indispensable e irrenunciable, pero no es ni la única, ni siquiera la más eficaz de las opciones para mejorar la salud de las poblaciones.
Eliminar las desigualdades tanto de las personas como de los territorios es una opción, no solo eficaz, sino justa e inteligente a medio y largo plazo.
Miguel González Hierro.