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En los países desarrollados, afortunadamente, no existe escasez de alimentos pero, con demasiada frecuencia, se cuestiona su calidad: aceite de colza desnaturalizado, vacas locas inglesas, alimentos genéticamente modificados (transgénicos), animales engordados con hormonas, pollos belgas contaminados con dioxinas cancerígenas, Coca Cola con pesticidas o con lo que sea…

Las modernas técnicas de nutrición animal, basadas en el reciclaje de despojos cárnicos y de grasas, cuyo único fin es producir más al menor coste posible, la libre circulación de productos y la falta de unos mecanismos serios de control, se apuntan como las causas fundamentales de estos desaguisados.

Prohibir la fabricación de piensos con despojos de animales o con grasas recicladas, establecer rigurosos mecanismos de control de calidad, crear un organismo internacional de control (Agencia Alimentaria), etc. son algunas de las soluciones propuestas.

El progreso implica riesgos, pero estos deben ser conocidos y controlados. Los gallos de corral, las truchas del Tormes o el cerdo de bellota desgraciadamente escasean y tenemos que conformarnos con sus penosos sucedáneos industrializados, pero al menos que no nos envenenen. Con la salud no caben especulaciones.

José Luis Garavís. El Adelanto 26 junio 1999

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