El 25 de abril se cumplen cuarenta años de la promulgación de la Ley General de Sanidad (LGS). Una ley necesaria, compleja y exitosa que trajo consigo la creación de un Sistema Nacional de Salud (SNS) que ha sido durante años la joya de la corona del tardío Estado de Bienestar español, pero que vive ahora su peor momento desde el ya lejano 1986.
Los últimos datos del barómetro del CIS muestran una rápida radiografía de la situación actual. La valoración general del sistema sanitario público apenas supera el aprobado, pero lo más preocupante no es este dato, sino el descenso sostenido de esa valoración desde el año de la pandemia. El principal problema declarado no es la asistencia prestada, que los ciudadanos siguen valorando positivamente, sino la larga espera para ser atendidos, tanto en atención primaria como en atención hospitalaria. Algunas de las principales causas del deterioro de nuestra sanidad pública se citan a continuación. Pronto será demasiado tarde si no se ponen soluciones.
- Una crónica infrafinanciación. El gasto sanitario sigue estando por debajo de la media europea, tanto en porcentaje del PIB como en gasto por habitante y año. Es necesario su incremento, hacerlo finalista y redistribuirlo adecuadamente, de forma que el 25 % de lo presupuestado vaya a atención primaria. Resolver el problema económico no es la solución definitiva, pero hacerlo es imprescindible para que sea posible.
- Deficiencias en la gestión a todos los niveles, también en los de proximidad, y que se hacen evidentes a nivel de Áreas de Salud y centros sanitarios. Para elegir los cargos gerenciales se sigue teniendo en cuenta prioritariamente la adscripción política y, solo después, los méritos. Es necesario, como demandan muchos expertos, profesionalizar la gestión.
- Una mala planificación de recursos humanos a largo plazo, especialmente de médicos. Ello ha provocado un déficit de profesionales en determinadas especialidades, como Medicina Familiar y Comunitaria, y en determinados territorios, como son muchos pueblos de la España vaciada. Es prioritario buscar la forma de mejorar el prestigio de la atención primaria.
- Deficiencias a nivel organizativo de centros de atención primaria y especializada. Es necesario fijar bien los objetivos de cada servicio o unidad y obligar a su cumplimiento; ceder y compartir responsabilidades entre los distintos miembros de los equipos; crear nuevas figuras que sustituyan a los médicos en tareas que sobrecargan su labor, y hacer cumplir las incompatibilidades, especialmente a aquellos que tienen cargos de responsabilidad.
- Se ha tratado mal a los profesionales sanitarios, sobre todo a nivel laboral, muy evidente desde la crisis de 2008. Ello ha traído como consecuencia, primero, una epidemia de burnout y, actualmente, ha supuesto la perfecta coartada para la huelga de los sindicatos médicos corporativos, que asocia reivindicaciones más que justificadas con otras mucho menos transparentes. Es necesario fijar de forma justa las condiciones laborales de todos los sanitarios y el modo de acceder a cada puesto de trabajo; establecer unos salarios acordes a la preparación, el esfuerzo y la responsabilidad, y resolver problemas enquistados como el de las guardias médicas.
- El sistema necesita cambios, porque la sociedad ha cambiado mucho en 40 años. Cambios demográficos, como el envejecimiento de la población, que ha traído como consecuencia una mayor demanda asistencial y un cambio en el paradigma de enfermar: ya no predominan los procesos agudos, sino los crónicos, y el sistema debe adaptarse a esta situación, entre otras medidas, aumentando la relación entre niveles asistenciales y de estos con los servicios sociosanitarios. Además, los pacientes están más informados debido a internet y ahora a la IA, y son más exigentes en su demanda de soluciones, más rápidas y más cómodas, a sus problemas de salud. La adaptación del sistema a estos y otros cambios va muy por detrás de los cambios en la sociedad.
Con todo, la causa principal de esta situación de deterioro continuado, y que explica muchas de las antes citadas, ha sido y es la mala gestión de grupos políticos en el poder que, por incompetencia o, más veces, por interés propio, han hecho dejadez de su tarea o han utilizado sus cargos para favorecer al sector privado que ha visto el beneficio que puede obtener si la sanidad pública no responde como debiera.
Está en manos de la ciudadanía presionar para que haya un cambio de tendencia en el funcionamiento de nuestro Sistema Nacional de Salud.
Aurelio Fuertes Martín